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jueves, 2 de febrero de 2017

RESEÑAS DE LIBROS. "DEMIAN" DE HERMANN HESSE. ILUSTRADO POR BASTIAN KUPFER (ALIANZA EDITORIAL)


REEDICIÓN ILUSTRADA Y CASI DE COLECCIONISTA DE TODO UN CLÁSICO DE LAS NOVELAS DE APRENDIZAJE
Intentar escribir a estas alturas una reseña original acerca de un clásico como el “Demian” de Hermann Hesse puede resultar tan abrumador como hacerla del Quijote o de Hamlet. Sin embargo, a los que nunca lo han leído, probablemente por una cuestión de edad, sí podría ayudarles a lo mejor una pequeña introducción.
Para empezar, deben saber que “Demian” es un ejemplo perfecto de dos tipos muy característicos de novela que representan cada una un género por sí misma. Me refiero a la novela de aprendizaje y a la novela filosófica. En cuanto novela de aprendizaje, “Demian” es una de las más icónicas. Como también lo son las más conocidas del resto de la obra de Hesse. Se consideran así aquellas novelas que tratan acerca de la transición del protagonista desde la infancia o la juventud a la edad adulta, con el consiguiente cambio en su escala de valores y en su perspectiva acerca de la propia existencia y la de los que le rodean. Hay muchas otras también muy importantes, se me ocurren ahora “La línea de sombra” de Conrad, “El guardián entre el centeno” de J. D. Salinger, “Bajo las ruedas” del propio Hesse, “El rojo y el negro” de Stendhal, “El gran Meaulnes” de Alain Fournier o incluso la propia serie de Harry Potter de J. K. Rowling. Pero, ya digo, si alguien me preguntara a bote pronto por una novela de aprendizaje, “Demian” sería la primera que me vendría a la cabeza.
Y también entra “Demian” a la perfección en el género de las novelas filosóficas. Como en el caso anterior, se podría incluir en este género casi toda la obra de Hesse, que utilizó la ficción como vía de expresión de su particular línea de pensamiento acerca de las grandes cuestiones existenciales del ser humano en el contexto de la Primera Guerra Mundial.
En “Demian” Emil Sinclair, su protagonista, cuenta en primera persona su propia angustia existencial cuando abandona lo que él llama “el mundo de la luz” de su hogar familiar para comenzar a explorar la más ambigua realidad de los adultos (el “mundo oscuro”). En su trasiego, Sinclair va a dar con una serie de personajes que, de una u otra forma, le van a ir abriendo nuevas perspectivas. De entre todos ellos destaca Demian, que da nombre a la novela, un chico sólo algunos años mayor que él, pero cuya extraordinaria madurez y seguridad en sí mismo, lo convierten en un guía del mundo adulto para Emil Sinclair.
Son muchos los asuntos que trata “Demian”, y casi todos de gran relevancia para un lector adolescente. Entre los principales destacarían la lucha entre el bien y el mal, el amor platónico, la sexualidad, el materialismo frente a la espiritualidad o la propia idea de Dios. Por eso el lector ideal de esta novela es el que todavía no ha cumplido los veinte años. A medida que se aleje de esta edad, su efecto mágico se irá debilitando hasta desaparecer casi por completo en el lector adulto.
A los que ya conocen “Demian”, sobre todo los que lo leyeron en los años setenta y ochenta en la mítica colección de bolsillo de Alianza Editorial, poco hay que decirles. Si acaso que se pueden regalar esta edición casi de coleccionista, en gran formato e ilustrada a la perfección por el artista plástico alemán Bastian Kupfer como una forma de homenaje a su propia adolescencia y juventud. El tamaño resulta desde luego ideal para los que ya empiezan con problemas de presbicia, y las ilustraciones de Kupfer les ayudarán a retomar la atmosfera de la novela allí donde la dejaron.

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