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martes, 7 de julio de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “BLITZ” DE DAVID TRUEBA (ANAGRAMA)


CIENTO VEINTICUATRO MARAVILLOSAS PRIMERAS PÁGINAS QUE NO SE MERECEN LAS CUARENTA ÚLTIMAS.

Hay muy pocas personas que dominen dos artes, bastante complicado es ya alcanzar la maestría en una sola como para intentarlo con dos. David Trueba es una de ellas. No sólo dirige estupendas películas, sino que también es capaz de escribir novelas tan redondas como “Saber perder”. Justo por eso, “Blitz” se me queda corta, me sabe a poco; como cuando un alumno de 10 saca un 8. Está bien, incluso muy bien, pero se esperaba más.

Después de 124 maravillosas primeras páginas donde reinan por derecho propio dos personajes espléndidos, un hombre joven abandonado por su novia y una mujer alemana que le dobla la edad, de repente, como si David Trueba hubiera sufrido una de esas “pájaras” que afectan a los ciclistas, remata la historia en las cuarenta siguientes de una forma tan apresurada que me resulta incomprensible en el autor de “Saber perder”. Las últimas páginas parecen más un esquema para desarrollar que una parte acabada de la novela. Esos personajes inolvidables y su historia no se lo merecían. Y el lector tampoco. Puede que haya alguna razón estilística o alguna explicación literaria que lo justifique, quizás tenga su sentido, pero a mí nadie me quita ya la decepción de no haber podido leer el final que, en mi opinión, esa novela merecía.

Y dicho esto, no puedo hacer otra cosa que recomendaros que compréis el libro y que lo leáis, porque esas 124 páginas y los personajes que las habitan merecen mucho la pena. Las últimas, ya digo, sólo rematan la historia, pero de una forma tan esquemática que quizás habría sido mejor no incluirlas. Las primeras tienen la fuerza suficiente como para sostenerse solas. A lo mejor un día David Trueba nos da la sorpresa y remata esta novela como su talento le obliga.

jueves, 2 de julio de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “UN HIJO” DE ALEJANDRO PALOMAS (BRIDGE – LA GALERA)


CONMOVEDORA E INQUIETANTE A LA VEZ. SE LEE DE UN TIRÓN, PERO NO SE OLVIDA FÁCILMENTE.

“Un hijo” es una novela de verdad emocionante y enternecedora, de esas que cuentan una historia que habrá de seguir rondándonos mucho tiempo después de haber pasado la última página. No puedo contar mucho acerca de la trama, sería un pecado desvelar algún dato esencial antes de tiempo, porque esta novela sobre un niño hipersensible, un padre sobrepasado, una madre ausente, una niña atrapada en su propia cultura y una orientadora escolar de lo más perspicaz, es sobre todo una novela de misterio. Puede que no transcurra por las vías habituales del género, pero eso no impide que en varias ocasiones un escalofrío nos recorra la columna vertebral, que se nos pongan los pelos de punta. A mí, por lo menos, fue lo que me ocurrió. Y ya no diré más.

Me gustaría hacer una mención especial a las ilustraciones que acompañan el texto, estupendas e indispensables para seguir la historia. En cuanto al diseño de la portada, no puede ser más adecuado, recoge  a la perfección el ambiente y la esencia de la novela, y esto no es tan habitual.

Sobre la estructura y el punto de vista, sólo un reproche (pequeño). Me da la sensación de que Alejandro Palomas comenzó la novela con una idea muy clara acerca del carácter coral de la novela, dando categoría de narradores al niño, su padre, la tutora y la orientadora. Pero la fuerza como narradores del niño protagonista y de su orientadora es tan descomunal que acaba por no dejar sitio a los otros dos. Así que, superadas las primeras cincuenta páginas, toman ellos las riendas en exclusiva del relato y ya no las sueltan hasta el final. Una vez aceptada la situación, quizás lo mejor hubiera sido retomar el comienzo y eliminar definitivamente al padre y la tutora como narradores. No es que sea algo trascendental ni mucho menos, pero habría dado más armonía a la estructura.

En resumen, una estupenda novela, conmovedora e inquietante a la vez, que se lee de un tirón, pero no se olvida fácilmente.

miércoles, 1 de julio de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “PENSIÓN LEONARDO” DE ROSA RIBAS (SIRUELA)


ROSA RIBAS O EL DON DE LA NARRACIÓN.

Reconozco que empecé a leer esta novela pensando que sería la tercera entrega de la serie negra que Rosa Ribas escribe junto a Sabine Hofmann; así que, cuando me di cuenta de mi error, me sentí un poco defraudado. Pensé, vaya, una novela que se desarrolla en una pensión de Barcelona en los primeros años sesenta y que ni siquiera es de género negro, pues no es esto lo que me apetece leer ahora. Claro que el disgusto me duró muy poco tiempo, apenas el necesario para meterme en la historia que me querían contar. Porque lo que Rosa Ribas quiere es contarte siempre una buena historia. Esto parece una obviedad, todos los escritores deberían querer contarnos una historia. Puede ser, pero lo que no tienen todos es el don de la narración, la capacidad para contar cualquier cosa y hacerlo bien. Pero me siento incómodo hablando de dones porque parece que cuando los hay ya no debería hacer falta el trabajo, las historias ya se pueden escribir solas. Nada más alejado de la realidad, por supuesto.

Con los elementos que componen “Pensión Leonardo” es fácil fracasar literariamente, perderse por caminos no deseados, y sin embargo, supongo que por aquello del don y del trabajo, Rosa Ribas consigue dar con el tono y la perspectiva adecuados para llevarla a buen término. En ella se habla de la vida cotidiana en una pensión durante el franquismo, de la familia que la regenta, de sus inquilinos, de los habituales del bar anexo… Pero sobre todo de lo que no se dice, de los secretos de familia, de aquellas cosas que no deben ser contadas ni siquiera en voz baja, ni siquiera a los más cercanos; abuelos que no se pueden mencionar, tíos que no existen, pasados que se quedaron en otro lugar como si pertenecieran a una vida anterior. Se habla también de los que perdieron la guerra, pero deben seguir viviendo a pesar de todo. La pensión Leonardo es en definitiva una España en miniatura, un microcosmos en el que queda reflejada la sociedad de la época. Y en medio de todo, Lali, una niña muy despierta para la que los secretos y los silencios no son más que puertas abiertas a la investigación. Así que al final, Rosa Ribas no lo puede evitar, aquí también acabamos por encontrarnos con una investigadora y muchos misterios, aunque sean familiares.

domingo, 21 de junio de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “LA INVENCIÓN DEL CUERPO. ARTE Y EROTISMO EN EL MUNDO CLÁSICO” DE CARMEN SÁNCHEZ (SIRUELA)


“BIBLIOTECA DE ENSAYO” NUNCA DEFRAUDA.

La colección “Biblioteca de Ensayo” de Siruela nunca defrauda. Todavía recuerdo el “Séneca” de María Zambrano, todo un clásico, que leí en el año 95. Era el número 3. Pero es que hoy sigo oyendo y leyendo a mucha gente recomendando su número 1, “El elogio de la sombra” de Tanizaki, todo un long-seller con sus 34 ediciones. Por no hablar de su último éxito, “Biografía del silencio” de Pablo d’Ors (número 54) o el que leeré próximamente, “Elogio del caminar” de David Le Breton, su número 58. Que en veintiún años sólo se hayan publicado 59 títulos, da una idea del cuidado con el que  siempre ha tratado Siruela a esta colección de ensayos de bolsillo.

“La invención del cuerpo” no es, como ya advierte su autora en la introducción, un ensayo sobre las costumbres sexuales en el mundo clásico (Grecia y Roma), sino un tratado sobre la iconografía erótica entre griegos y romanos, que no es lo mismo. Comienza haciendo un poco de historia sobre el desnudo en el arte griego, el masculino primero (asociado al ideal de belleza musculosa de atletas y guerreros) y, mucho después el femenino (más vinculado a lo cotidiano y a las deidades femeninas), con interesantes explicaciones sobre el porqué de los genitales infantiloides en las estatuas de varones y mujeres adultos, sobre la costumbre de la infibulación masculina entre los atletas o acerca de la supuesta mala suerte que podía recaer sobre aquellos que contemplaban a una mujer desnuda.

Más adelante el ensayo se centra en el significado mágico o supersticioso de símbolos eróticos tan poderosos como el miembro masculino, que abundaban en los lugares más cotidianos de Grecia o Roma sin que su imagen se considerara en la época ni obscena ni provocativa, sino más bien protectora.

Para finalizar, el capítulo “Ars erotica”, repasa la presencia de elementos eróticos en piezas de cerámica y otras obras de arte, aproximándose a la consideración del lesbianismo en la cultura clásica y sobre todo a la iniciación sexual de los varones griegos a través de relaciones homosexuales. La última parte aborda las diferentes posturas eróticas que aparecen en las piezas de cerámica y su significado social.

Al cerrar el libro hemos desterrado ideas falsas, disfrutado con algunas curiosidades y despejado bastantes dudas, así que salimos de él con una idea mucho más clara acerca de la iconografía erótica clásica, que es justo de lo que se trataba. Una vez más, “Biblioteca de Ensayo” no nos ha defraudado.

jueves, 18 de junio de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “EL BARCO FARO” DE SIEGFRIED LENZ (IMPEDIMENTA)


UN BUEN EJEMPLO DE LA DESOLACIÓN MORAL Y ANÍMICA DE LA ALEMANIA DE POSGUERRA

Ser alemán durante los quince años que siguieron al final de la Segunda Guerra Mundial no debió de resultar una tarea fácil. El país se hallaba hundido económica y moralmente, y un sentimiento de culpa y vergüenza colectivos lastraba a toda una generación. En ese contexto tan difícil surgió el “Grupo 47”, formado en 1947 (de ahí el nombre) por un buen número de novelistas, críticos literarios y otros intelectuales alemanes a los que unían sus dramáticas experiencias vitales y unos intereses literarios comunes. Algunos de sus miembros, los de mayor proyección internacional, son muy conocidos, entre nosotros, como el premio Nobel Günter Grass; el pensador Hans Magnus Enzensberger o el últimamente algo olvidado Heinrich Böll. Junto a ellos, hubo otros, menos internacionales, pero que resultan igualmente interesantes. Uno de ellos es Siegfried Lenz.

Los relatos que componen “El barco faro” (1960) son todos de muy buen nivel, pero hay dos que sobresalen por encima de los demás, quizás porque sean los que mejor ilustran esa confusión colectiva de carácter moral y anímico de la que hablábamos al principio: son el primero, la novela corta que da título al libro; y el último, “Los humores del mar”. En “El barco faro”, una embarcación que permanece anclada e inmóvil frente a la costa a modo de faro flotante, se ve asaltada por un grupo de delincuentes después de haber sido rescatados de un naufragio. A partir del momento en que esos elementos extraños y agresivos suben a bordo, se desatan fuertes controversias entre la tripulación y su capitán acerca de lo que se debe hacer frente a la agresión que están sufriendo. En esa disputa casi silenciosa, hay un elemento que mina la autoridad del capitán, su presunto comportamiento poco honroso en un episodio del pasado. No es difícil ver en esta historia casi alegórica, las dudas morales de los ciudadanos alemanes, que pudieron sentirse a la vez víctimas y culpables por su sometimiento a la violencia de los nazis.

“Los humores del mar” cuenta las peripecias de un grupo de hombres que, en su huída de Alemania a bordo de una precaria embarcación, deben enfrentarse a la niebla y las tormentas para intentar llegar a las costas de Dinamarca sin ser descubiertos por los guardacostas. Este relato, no sólo puede representar la claustrofobia que debieron de  sentir muchos alemanes dentro de un país aislado y agresivo al mismo tiempo (otra vez la alegoría), sino que recrea un episodio de la vida del propio Siegfried Lenz, que hacia el final de la guerra decidió desertar del ejército y se refugió en Dinamarca.

Del resto de los relatos, me gustan especialmente “Un amigo del gobierno” y “El hijo del dictador”. Ambos resultan tan actuales que podrían desarrollarse, por ejemplo, en la Corea del Norte de nuestros días.

miércoles, 17 de junio de 2015

LEYENDO “EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO”. CUADERNO DE ESCALADA (2). LOS SHERPAS.

En mis cuatro anteriores intentos de alcanzar la cumbre proustiana no utilicé sherpa ni guía ni cualquier otro tipo de ayuda externa, quizás por eso fracasé. Para esta ocasión, he decidido cambiar de estrategia y cuento con tres (de momento) libros auxiliares diferentes y complementarios. Por desgracia, ninguno de ellos está publicado en español. En realidad, no hay mucha bibliografía sobre Proust en español y mucha menos sobre “En busca del tiempo perdido”, aunque tampoco soy un experto. Lo mismo me estoy perdiendo algún libro trascendental que no conozco. En fin, estos son mis tres sherpas:

MARCEL PROUST’S SEARCH FOR LOST TIME. A READER’S GUIDE TO “REMEMBRANCE OF THINGS PAST” de Patrick Alexander (Vintage Books)

Ésta es la más simple de las guías, pero muy útil al mismo tiempo. Se divide en tres partes.
Primera parte: “Lo que sucede en Proust”. Es un resumen libro por libro y parte por parte de “En busca del tiempo perdido”. No hay riesgo de que nos destripe el argumento porque lo importante en esta novela no se encuentra ni mucho menos en la trama, y sin embargo este resumen puede ayudarnos en momentos de ligera desorientación y desaliento. Para hacer trabajos escolares sin haberse leído la novela puede ser también bastante útil, pero ese es otro tema.
Segunda parte: “Quién es quién en Proust”. Se trata de una guía alfabética de los personajes más importantes de la novela (unos 60). En cada entrada se explica quién es el personaje, los principales rasgos de su carácter, así como su papel y evolución a lo largo de la historia. Reconozco que estos resúmenes están muy bien hechos y a mí me están ayudando bastante. Más que los de la primera parte.
Tercera parte: “El mundo de Proust”. Es la más corta de las tres y se compone de una serie de artículos sobre la biografía de Proust, el París en el que vivió y en el que se desarrolla parte de su novela, la Belle Époque y el “Asunto Dreyfuss”.
Cierra el libro un apéndice que recoge una bibliografía sobre “En busca del tiempo perdido” y Proust. Es muy buena, sobre todo porque es de esas que piensan más en la utilidad para el lector que en el lucimiento del autor. También hay un apartado dedicado a las páginas de internet sobre Proust y su obra, aunque, por la propia volatilidad del medio, no es tan interesante.
Como curiosidad, también encontraremos en el apéndice un cómputo de páginas y de palabras por libros y total. Ya os anticipo que la novela se extiende a lo largo de 3.275 páginas y que para llegar a la última (sin saltarnos ninguna, claro) habremos tenido que leer 1.404.975 palabras solamente.

UN ÉTÉ AVEC PROUST de Varios Autores (Éditions des Équateurs/France Inter)

Recoge una serie de charlas que, bajo el título general de “Un verano con Proust”, tuvieron lugar durante el verano de 2013 en un programa de la radio francesa (France Inter). Aquí no debemos buscar una guía precisa y “práctica”, como en el caso del libro de Alexander, sino una verdadera introducción a “En busca del tiempo perdido”. A lo largo de sus páginas, varios autores, especialistas en diferentes campos, nos acercan a otras tantas perspectivas desde las que se puede abordar la obra. En ella, Proust nos habla de pintura, de historia, de política, de música, de filosofía y, por supuesto del tiempo y del recuerdo. Por eso, este libro, pequeño en tamaño, pero muy iluminador para el que quiera avanzar por la obra de Proust, se divide en los siguientes capítulos: I. El tiempo; II. Los personajes; III. Proust y su mundo; IV. El amor; V. El imaginario; VI. Los escenarios; VII. Proust y los filósofos; y VIII. Las artes.
Es una verdadera lástima que “Un verano con Proust” no se haya traducido aún al español porque es una muy buena puerta de entrada a “En busca del tiempo perdido”. En el verano de 2012, en la misma radio, tuvo lugar otro ciclo de programas sobre Montaigne que originó un libro parecido con el título de “Un verano con Montaigne” que sí ha sido traducido por la editorial Paidós. Habrá que pedirles que, por favor, hagan lo mismo con el de Proust.

LE MUSÉE IMAGINAIRE DE MARCEL PROUST de Eric Karpeles (Thames and Hudson)

A lo largo de “En busca del tiempo perdido” hay infinidad de referencias a cuadros y pinturas de clásicos y contemporáneos. Proust las usa constantemente para ilustrar ideas, sensaciones y también para ayudar a perfilar los retratos de los personajes. Es muy frecuente en la descripción de personas que indique que se parecen a tal personaje de tal cuadro o que alguno de sus rasgos le recuerda a tal otro. Proust era lo que se suele llamar un esteta, un entusiasta de todas las artes y muy en especial de la música y la pintura. No dejaba de ir a conciertos o exposiciones, a la última incluso poco antes de su muerte. Por eso, todas las artes en general, y sobre todo estas dos, tienen una presencia tan intensa en su novela. Quizás toda esta inclinación artística pueda hallar su justificación en “La prisionera”, el quinto volumen de la novela, cuando escribe que “la belleza es una promesa de la felicidad”. Para Proust es además una forma de sublimación en el sentido psicoanalítico de la palabra.
Lo que hace este libro es recoger todas las referencias a cuadros a lo largo de la novela situando la cita textual al lado de una imagen del cuadro al que hace referencia. Por supuesto que no es un libro esencial para seguir la lectura de “En busca del tiempo perdido”, pero sí la hace más agradable, sirviendo sus imágenes como ilustraciones de la novela. Aparte de esta edición en francés, hay otra en ingles. En español, de momento, no ha sido publicada.

sábado, 6 de junio de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “JARDINES. LOS VERDADEROS Y LOS OTROS” DE UMBERTO PASTI. ILUSTRACIONES DE PIERRE LE-TAN (ELBA)


TRAS LA ÚLTIMA PÁGINA, SERÁS CAPAZ DE DISTINGUIR UN VERDADERO JARDÍN DE UNA MERA ACUMULACIÓN DE PLANTAS SIN ALMA. TODO UN APRENDIZAJE.

Hay muchas maneras de llegar a saber de un libro, de acercarse a él, de dejar que nos cuente lo que lleva dentro. En mi caso, no llegué a “Jardines…” por su asunto; disfruto mucho de los jardines, pero no suelo leer al respecto. Tampoco fue por el autor, al que no conocía en absoluto. Fueron las ilustraciones de Pierre Le-Tan las que me llevaron a “Jardines…”. Lo conozco desde hace muchos años como ilustrador de las portadas de Patrick Modiano (mucho antes de que recibiera el premio Nobel) para Gallimard, en su colección Folio de bolsillo. Siempre me ha admirado su interpretación en dibujos de ese universo onírico tan propio de Modiano, hasta el punto de que ya no puedo imaginar otras portadas para sus novelas, como tampoco se puede pensar en “El Pequeño Nicolas” sin los dibujos de Sempé o en las historias de Roald Dahl sin las ilustraciones de Quentin Blake.





Ya tenía el libro en mis manos, gracias a Pierre Le-Tan, como digo. Y entonces, al pasar las primeras páginas, caí, para mi asombro, en el prólogo de José Carlos Llop, uno de los autores españoles contemporáneos más interesantes, tanto como lo puede ser Modiano en Francia, y con universos muy próximos entre sí. Y además, comisario de la exposición que el Centro de Arte Reina Sofía dedicó a la obra de Pierre Le-Tan en 2004, en cuyo catálogo, como el propio Llop cuenta, se incluyó, a instancias de Pierre Le-Tan, un artículo de su amigo Umberto Pasti. De este modo, queda cerrado el círculo que une a estas cuatro personalidades fascinantes.



Umberto Pasti se dedica a muchas cosas. Es periodista, traductor, escritor, coleccionista, y sobre todo jardinero, de su propio jardín cerca de Tánger y de los que acepta idear por encargo. En este libro, trata de resumir su filosofía personal en torno a esos espacios mágicos que son los jardines. Para ello, lo primero que hace es despotricar contra todos los que no considera como tales, como el del coleccionista, el del millonario, el de diseño, el morisco o los de las rotondas de las carreteras. Arremete contra todos ellos con una mezcla de furia y humor, que resulta irresistible y muy divertida. En su diatriba apenas salva los jardines más modestos, las humildes latas con plantas de las gasolineras, los que cultiva la señora normal y corriente para su propio disfrute o el patio pobre y algo desordenado de una familia marroquí donde los animales y los cachivaches abundan más que las propias plantas. En sus propias palabras, la belleza de un jardín radica en su funcionalidad, en lo que lo vincula a las necesidades de los que lo cultivan, por eso considera que un jardín es hermoso cuando se plantan en él especies que podrán completar todo su ciclo de vida, siendo además coherentes con la historia y la cultura del lugar. Al contrario, un jardín le resulta feo y vulgar cuando el criterio estético es el único que se utiliza para su disposición. Para Pasti, la belleza de una planta se encuentra en su propia vida y la jardinería sólo lo es de verdad cuando fomenta el conocimiento y el respeto por las múltiples formas en que esas vidas se entrelazan con la nuestra.






Al final, a pesar de haber llegado hasta el libro de Pasti por los dibujos, cierro la última página feliz por sentirme ahora capaz de distinguir un verdadero jardín de una mera acumulación de plantas sin alma. Todo un aprendizaje.


martes, 2 de junio de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “EL LUMINOSO REGALO” DE MANUEL VILAS (ALFAGUARA)


MANUEL VILAS HA SIDO BENDECIDO CON EL “LUMINOSO REGALO LITERARIO”

A lo largo de los cuatro o cinco días que me ha llevado la lectura de esta espléndida novela, no he podido dejar de darle vueltas a ese tópico tan gastado (como todos) acerca de lo azaroso que resulta el éxito de masas, lo absurdo de la popularidad y los complejos mecanismos que generan los fenómenos virales. Y todo por haber sucumbido a la tentación de compararla odiosamente con esa otra de cuyo nombre no quiero acordarme que trata acerca de las relaciones ¿afectivas? entre un millonario y una ingenua estudiante universitaria. Y lo recuerdo aquí, a pesar de que el mero hecho de mencionarla en esta reseña, aunque sólo sea a modo de contraste, ya supone un agravio hacia “El luminoso regalo”. No hay entre ellas más punto en común que el contenido erótico de ambas. Y a partir de ahí, ya todo las separa como polos opuestos de un imán. Mientras que una representa lo simple, la mala literatura, los personajes planos, la falta de verosimilitud, los diálogos ridículos, las situaciones grotescas, en fin…; la otra, bueno, pues todo lo contrario. Y entonces por qué tantísimos lectores para una novela que se cae de las manos y sin embargo un público tan minoritario para la que es mucho más interesante. Ni idea. No se me ocurre ninguna explicación de verdad convincente.

La novela de Manuel Vilas sigue las andanzas de un adicto al sexo, un moderno Casanova, y sus encuentros con un gran número de mujeres que no pueden evitar caer bajo el influjo de su magnetismo, el “luminoso regalo” del título. No quiero abundar demasiado en la trama porque lo que de verdad importa es la elaboración del protagonista y de su equivalente femenino, alguien, como él, permanentemente insatisfecho; los intensos monólogos interiores; los diferentes narradores (todos ellos maravillosamente poco fiables); los cambios de punto de vista; o el relato perfecto de los encuentros, sin caer ni en lo remilgado ni en lo tosco. No es fácil explicar un personaje como el que protagoniza esta novela, como tampoco lo es contar lo que “El luminoso regalo” cuenta y a mí me parece que de ambos retos sale el autor más que airoso. Y para rematar, en las últimas páginas, cuando ya parecía que todo el pescado estaba vendido y la novela iba ya llegando a puerto con calma, ¡Zas!, un final apoteósico que uno lee con los ojos como platos. Eso es un golpe de efecto y lo demás son tonterías. Habrá que seguir leyendo a Manuel Vilas porque él mismo parece poseedor del “luminoso regalo” (literario, claro).

domingo, 31 de mayo de 2015

LEYENDO “EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO”. CUADERNO DE ESCALADA (1). DONDE SE INTENTAN EXPLICAR LAS DIMENSIONES DEL RETO


Leer los siete volúmenes que conforman “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust es para el lector experimentado algo tan mítico como alcanzar la cumbre de los catorce ochomiles para el escalador profesional. Ambos retos precisan de constancia, valor, entusiasmo, entrenamiento previo y mucho sacrificio. Pero la recompensa es grande. Cuando logren su última cumbre, los escaladores habrán contemplado catorce paisajes desde perspectivas insólitas al alcance de muy pocos seres humanos. Los lectores, por su parte, al pasar la última página del último volumen de “En busca del tiempo…”, habrán vivido en primera fila la experiencia de la literatura en su estado más puro. Porque lo que cuenta Marcel Proust en su novela descomunal es tan inmaterial, tan etéreo, que sólo admite el lenguaje literario. No se puede contar, o al menos no de una forma tan precisa, en ningún otro de los lenguajes artísticos (cinematográfico, pictórico, escultórico, musical,…). En su novela, Proust nos habla del misterio de su existencia y de la nuestra, de la vida, o más precisamente, de la experiencia vital y, para nuestro asombro, descubrimos con él que el núcleo central de nuestra existencia no se encuentra en nuestras acciones ni en las de los que nos rodean, ni siquiera en nuestros juicios o impresiones superficiales, sino en los recovecos escondidos entre las anécdotas insulsas de nuestras mediocres vidas. Proust nos habla de cosas que intuimos, pero que no somos capaces de expresar justamente por eso, porque no las conocemos, sólo las intuimos. Y del tiempo, claro, la dimensión más misteriosa de las que nos conforman. Y del recuerdo, esa primitiva herramienta con la que contamos para enfrentarnos al tiempo. Probablemente Proust ha sido el único ser humano capaz de hablar del tiempo y del recuerdo con algo de rigor. Por eso, lograr entrar en su universo nos proporciona esa nueva perspectiva por la que tanto sufren escaladores y lectores.


La tarea no es fácil. Para alcanzar ese nivel de sutileza, para lograr contar lo que hasta entonces nadie había sido capaz, Proust necesitó retorcer de alguna manera su estilo y apurar al máximo las posibilidades de las estructuras gramaticales, para poder sacar de ellas toda su capacidad expresiva. Y eso implica la elaboración de sus míticas frases, larguísimas, en las que las oraciones se subordinan una tras otra en espiral para rodear hasta atraparlo el concepto que quieren iluminar. En esos giros vertiginosos, el lector suele acabar por perder pie y olvidar el comienzo de la frase, veinte o treinta líneas más arriba. No hay que desesperarse. El estilo de Proust es casi impresionista y nuestra lectura debe adaptarse a él. Lo mejor, en muchos casos, es leer por encima de sus frases como el que guiña los ojos contemplando un cuadro de Monet. También podemos volver al principio de la frase e intentarlo de nuevo. No pasa nada.

Confieso que éste es mi quinto intento de ascender esta cumbre, y lo haré una vez más sin oxígeno y por la cara más difícil, o sea, en francés. Me siento fuerte, pero no más seguro de lograr el éxito que en las ocasiones anteriores. Espero que este cuaderno de escalada,  donde compartiré todo aquello que me llame la atención, me ayude. También me serviré de algunos sherpas (en la siguiente entrada os hablaré de ellos).


Hay dos formas principales de abordar la lectura de “En busca del tiempo…”: leerlo todo del tirón (si puede ser durante la convalecencia de una rara enfermedad tropical o la soldadura de varios huesos rotos que nos impidan hacer cualquier otra cosa); o compartir su lectura con otras menos exigentes, dedicándole un tiempo limitado y un espacio concreto al día. En mi caso, y salvo rara enfermedad tropical de última hora, optaré por esta segunda modalidad. Leeré una media hora al final del día, quizás un poco más, sentado en mi mecedora o, en caso de mucho calor, en la silla de la terraza.


miércoles, 27 de mayo de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “EL GRAN RELOJ” DE KENNETH FEARING (RBA. SERIE NEGRA)


UNA TRAMA TAN PERFECTA QUE FUNCIONA CON LA PRECISIÓN DE LAS PIEZAS ENGRASADAS DE UN RELOJ SUIZO

Nada más empezar a leer esta novela descubrimos algo asombrados que el ambiente y los personajes de la serie “Mad men” ya estaban ahí en los años cuarenta, dos décadas antes de la época en que se desarrolla la mítica serie. Ya estaban las grandes empresas editoras de revistas, las de publicidad, la gran ciudad, los barrios residenciales, los ejecutivos, sus compañeros de oficina, sus amantes, sus fieles esposas, el alcohol, los bares, en fin, todo. Así que se encuentra uno tan tranquilo leyendo lo que parece una historia costumbrista más cuando, de repente, en unos pocos días, la vida del protagonista da un giro radical y se desliza (y nosotros con él) por una trama frenética que es ya como una montaña rusa que podrían haber diseñado a partes iguales Patricia Highsmith y Alfred Hitchcock. A partir de entonces, preocupados y muertos de curiosidad por lo que le vaya a ocurrir al protagonista, no podemos hacer otra cosa más que pasar páginas y páginas sin descanso hasta llegar a la última.

En la contraportada del libro se nos dice que “El gran reloj” está considerada como una de las mejores novelas negras jamás escritas. Esa frase se utiliza muy a menudo y casi siempre en vano. Sin embargo, en esta ocasión la suscribo con entusiasmo. “El gran reloj” es una obra maestra sin discusión. Sus puntos de vista múltiples (los personajes más importantes son los consecutivos narradores en primera persona), que no sea importante el habitual “quién lo hizo”, que no haya detectives o policías de por medio,… Todo contribuye a la originalidad de esta novela negra perfecta. Y en tan solo 188 páginas, no le hacen falta más a su atípico autor para rematar su espléndida historia y hacernos disfrutar como locos.

¿Qué por qué atípico? Pues porque Kenneth Fearing fue sobre todo un poeta, considerado como el mejor de su generación, la de la Gran Depresión, así que escribió casi tantos libros de poemas como novelas. No deja de ser curioso que no sea más conocido entre nosotros, o incluso que lo sea más como poeta en Estados Unidos que como novelista a pesar de haber escrito una joya como “El gran reloj”.

Lo que no me gusta tanto es el título. No hace referencia a ningún aspecto concreto de la trama, sino a una especie de engranaje invisible, que se menciona varias veces en el texto, y que hace girar el destino de las personas hacia el triunfo o hacia la catástrofe. Desde mi punto de vista, a lo que en realidad debería referirse es a esa trama tan perfecta que funciona con la precisión de las piezas engrasadas de un reloj suizo.

lunes, 18 de mayo de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “EL JARDÍN DEL EDÉN” DE ERNEST HEMINGWAY (DEBOLSILLO)


AUNQUE DECEPCIONE, HEMINGWAY SIEMPRE APORTA ALGO.

Con Hemingway siempre me pasa lo mismo, la expectativa es siempre muy superior a lo que leo. A pesar de ello, sin saber muy bien por qué, vuelvo a él una y otra vez. En este caso me decido a intentarlo con “El jardín del Edén”, su insólita novela póstuma cuya trama gira en torno a un triángulo amoroso compuesto por un escritor estadounidense a las puertas del éxito y dos mujeres compatriotas y parece que adineradas, pero sin oficio conocido. La historia, bastante reiterativa (las escenas de natación en diferentes playas y las ingestas de champagne, vino y combinados de licores varios con Perrier se suceden “ad nauseam”) transcurre en el Sur de Francia con alguna escapada a Madrid.

Al principio, creí que lo más interesante de esta novela lo encontraría en la relación más bien malsana entre ese hombre y sus dos amantes, pero a lo largo de la lectura no podía dejar de pensar en lo que habrían hecho Patricia Highsmith o Scott Fitzgerald con ese mismo argumento, y en la comparación, el pobre Ernest siempre salía perdiendo. En realidad, lo mejor de “El jardín del Edén” y lo que hace que merezca la pena su lectura, no está en el morbo de la relación amorosa, sino en todo lo que se refiere al trabajo literario del protagonista, en la descripción del proceso creativo del cuento que está escribiendo y que acaba por convertirse en una subtrama importante. Ahí está el acierto de esta novela, su aspecto más brillante. El resto, es una pena, pero no tiene demasiado interés. Ni siquiera la personalidad esquizofrénica de Catherine, una de las dos mujeres, que es la que conduce marca y guía el hilo narrativo de “El jardín del Edén”.

Al parecer, en el texto original, Hemingway intercalaba este triángulo amoroso del Sur de Francia con otro, compuesto por una mujer y dos hombres, que se desarrollaba en el Barrio Latino de París. Tras su muerte, el editor decidió prescindir de la historia de París, que resultaba farragosa y carecía en su opinión de la calidad suficiente, y acabó publicando exclusivamente la que se cuenta en “El jardín del Edén”. No quiero ni imaginarme cómo sería la parte descartada.

A pesar de todo, no me arrepiento de haber pasado algunos ratos inmerso en esta novela. Aunque decepcione, Hemingway siempre aporta algo.

viernes, 15 de mayo de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “101 EXPERIENCIAS DE FILOSOFÍA COTIDIANA” DE ROGER-PAUL DROIT (BLACKIE BOOKS)


PROPUESTAS DESCONCERTANTES PARA EXPERIMENTAR NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE LO QUE NOS RODEA.

Solemos vivir de manera superficial, un poco narcotizados por la rutina, por la repetición automática de gestos y palabras; nos sentimos seguros en un mundo en el que todo se comporta de manera previsible porque así nos parece que podemos controlar nuestra vida y la de los que nos rodean y eso, claro, nos tranquiliza. Que ese control y esa tranquilidad sean falsos, una mera convención colectiva, no nos importa demasiado mientras que no nos enteremos del todo. Pero esta sensación artificial de seguridad, por muy inconsistente que resulte, a pesar de su poco valor, tiene un coste, y bastante alto además, el aburrimiento, el transcurrir ligero de nuestros días y, en definitiva, los tonos más bien grises con los que pintamos nuestras existencias.

Algunos tratan de luchar contra esa sensación de adocenamiento leyendo, o a través de la filosofía, la expresión artística, la meditación, viajando… Hay muchas formas, lo esencial es salir de lo que ahora se llama la “zona de confort”, buscar nuevos lugares desde los que poder contemplar lo que nos rodea desde una nueva perspectiva, perdiendo algo de sensación de seguridad, pero consiguiendo a cambio colorear nuestras vidas.

Esto es lo que nos propone el profesor e investigador de filosofía Roger-Paul Droit, nuevas perspectivas que nos permitan conseguir el extrañamiento necesario para contemplar el mundo que nos rodea como algo ligeramente nuevo y por lo tanto más interesante. Son una serie de ejercicios más o menos sencillos, sin coste económico, sin necesidad de desplazarse a escenarios exóticos, que nos permitirán, si queremos aceptar sus pequeños retos, reflexionar sobre unas cuantas cuestiones que solemos asumir como normales por su mera repetición.

Como indica el título, este libro incluye 101 propuestas algo desconcertantes que no sólo se enuncian sino que se desarrollan para tratar de explicar el sentido de cada una. Curiosamente, algunas de ellas las hemos practicado cuando éramos niños y luego las hemos abandonado. Nuestras favoritas son las siguientes:

Llamarse a sí mismo en una habitación vacía; repetir una palabra hasta que deje de tener sentido; pensar que el mundo acabará en veinte minutos; tumbarnos bajo el cielo estrellado y convencernos de que lo que está abajo son las estrellas y no nosotros; creer que somos eternos durante un rato; beber y orinar a la vez; pelar una manzana con la imaginación cuidando de todos los detalles, sin saltarnos ni un solo paso (mucho más difícil de lo que parece); cerrar los ojos y creerse en un lugar situado a una gran altura, imaginar que nos morimos; seguir el movimiento de las hormigas; observar el polvo de un rayo de sol; esperar sin hacer nada; intentar no pensar; quitarle el sonido a la tele; mirar cómo duerme nuestra pareja; sonreír a un desconocido; bajar una escalera pensando que no tiene fin; deambular por la noche; jugar con un niño tan concentrado en el juego como él; matar a alguien con la imaginación; viajar en metro sin rumbo fijo.

Al final del libro se incluyen tres útiles índices para encontrar experiencias clasificándolas, por su duración, los materiales necesarios o sus posibles efectos, porque éste es un libro que se puede leer seguido, pero que se debe experimentar a salto de mata.

sábado, 9 de mayo de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “CARTA AL REY” DE TONKE DRAGT (SIRUELA)


PELIGRO, HONOR, INTRIGA, VALOR, AVENTURA, CELADAS, AMISTAD, CABALLEROS, DAMAS, REYES, NOBLES, POSADEROS, FIELES CABALLOS, MALVADOS, FRATERNIDAD, EREMITAS, TRAICIÓN,…

Una misión peligrosa, honor, intriga, aventura, valor, celadas, amistad, caballeros, damas, reyes, nobles, posaderos, fieles caballos, malvados, fraternidad, eremitas, traición, ciudades amuralladas, puentes con portazgo,… De todo esto hay en “Carta al rey”, un clásico de la literatura juvenil holandesa que bebe de muchas fuentes, pero sobre todo del espíritu de las narraciones del ciclo artúrico.

La acción transcurre entre dos reinos inventados, pero, a diferencia de otros autores que, como Tolkien, podrían resultar aparentemente cercanos, Tonke Dragt no utiliza en absoluto la fantasía; es pura novela caballeresca más próxima al estilo de Chretien de Troyes que al del viejo profesor oxoniense. Aunque en “Carta al rey” no hay ningún Grial que buscar, sino una importante misión que llevar a cabo, de cuyo éxito depende el futuro de dos reinos.

Ante este tipo de novelas, iniciáticas y de aventuras, repletas de esos valores caballerescos que tanto echamos de menos en el mundo actual, uno siente cierta nostalgia de sus doce o trece años, de las lecturas a la hora de la siesta en verano, de ese tiempo en que historias como la que cuenta “Carta al rey”, no sólo se disfrutaban, sino que le abrían a uno por primera vez la puerta a infinidad de mundos posibles.

lunes, 20 de abril de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. “LA ISLA DEL TESORO. EL MAPA DE LOS SUEÑOS / GRAPHICLASSIC 2”. VARIOS AUTORES (GRAPHICLASSIC – HUERGA & FIERRO)



UNA JOYA DE VALOR INCALCULABLE PARA TODOS LOS AMANTES DE LA LITERATURA, DE LA ILUSTRACIÓN, DE STEVENSON Y, POR SUPUESTO, DE “LA ISLA DEL TESORO”

La publicación de un libro como éste en español tiene que ser motivo de orgullo y de celebración, no sólo para sus editores, sino para los lectores de verdad, los que no entendemos cómo no se le había ocurrido a nadie esto antes. Porque se trata de un auténtico lujo, de una joya de valor incalculable para todos los amantes de la literatura, de la ilustración, de Stevenson y, por supuesto, de “La isla del tesoro”. Su lectura, como la de la novela que homenajea, proporciona un gran placer y eso, la verdad, es impagable, el verdadero tesoro de la isla.

Este segundo número de Graphiclassic sigue el acertadísimo esquema que ya se aplicó al número inaugural, “Moby Dick. La atracción del abismo”, y esperamos que sea el mismo que se utilice para el tercer número, ya anunciado, sobre la obra de Jules Verne y la iconografía que adorna su obra. ¿Y cuál es el secreto? Pues una combinación tan equilibrada como armónica entre texto y representación gráfica. Sólo por la recopilación de ilustraciones de todas las épocas, ya merecería la pena, pero es que además vienen acompañadas por varias decenas de textos de plumas tan conocidas como las de Vargas Llosa, Alberto Manguel, Rosa Montero, Javier Marías, Jordi Sierra i Fabra, Pilar Pedraza, Fernando Savater, Luis Alberto de Cuenca, Juan Madrid, Constantino Bértolo, Moncho Alpuente, Antonio Tabucchi, José Carlos Somoza, Manuel Hidalgo,… Y otras quizás no tan conocidas, pero igual de efectivas, o a veces más, a la hora de repasar el universo literario de Robert Louis Stevenson.

Todas las colaboraciones son interesantes, aunque nos gustaría destacar algunas como la aproximación global e introductoria de Alberto Manguel; el recorrido de Guillen Díez por los admiradores de la obra de Stevenson entre los escritores de su época y los que les siguieron; el perfil novedoso de su esposa, la injustamente denostada Fanny Vandegrift, por parte de Rosa Montero; el enfoque bibliófilo de Fernándo Jiménez; el pequeño relato del viaje de Fernando Savater hasta la casa donde RLS escribió “La isla del Tesoro”; la “crítica imposible” de la novela desde el punto de vista socio-económico por parte de Constantino Bértolo; el repaso a la historia de la piratería del Atlántico de Luis Conde; la visión psicoanalítica del psiquiatra y escritor José Carlos Somoza; la isla del tesoro madrileña de Moncho Alpuente; el exhaustivo paseo por la imaginería de “La isla del Tesoro” a cargo de Charles Caum; el perfil de N.C. Wyeth, el ilustrador canónico de “La isla del tesoro”, por Carlos Uriondo; el retrato que realiza Luis Alberto de Cuenca de Joan García Junceda, el dibujante español de la edición de Seix Barral de 1924; y los dos artículos dedicados a las adaptaciones de la obra al cómic y al cine, redactados por Luis Conde y Manuel Hidalgo respectivamente.

Y por si fuera poco, al comprar este segundo número de Graphiclassic en la propia página de la editorial (http://www.graphiclassic.es/#!tienda/c1ska), se incluye en el envío un cuadernillo de 36 páginas que, bajo el título de “Bitácora. Notas de a bordo de la tripulación. La isla del tesoro y la piratería”, recoge algunos artículos más acerca de la historia de la piratería, la estructura de una goleta como “La Hispaniola”, los viajes de Stevenson, Hugo Pratt y su “Isla del tesoro” y los piratas en la cultura popular (cómics y videojuegos).

Os lo digo con toda sinceridad, no se le puede pedir más a un libro como éste.

lunes, 6 de abril de 2015

RESEÑAS DE LIBROS. "SANTA TERESA DE JESÚS. POESÍA Y PENSAMIENTO (ANTOLOGÍA)". SELECCIÓN Y PRESENTACIÓN DE CLARA JANÉS (ALIANZA EDITORIAL)


IMPECABLE EDICIÓN A CARGO DE CLARA JANÉS; PRECIOSO VOLUMEN DE CUBIERTAS DURAS Y LOMO EN TELA.

Hace ocho días, el 28 de marzo, se celebró el 500 aniversario del nacimiento de Santa Teresa (1515-1582), aunque los actos y congresos conmemorativos lógicamente se vayan a extender a lo largo de todo el año; también lo harán las publicaciones, tanto las que reeditan su obra como las que abordan su vida, la contemplativa, espiritual y mística; o la de la eficaz gestora que consiguió reformar el Carmelo y fundar dieciocho conventos por toda España. Porque lo cierto es que Santa Teresa de Jesús fue una mujer poliédrica, pero de una pieza, todo un personaje dotado de una asombrosa fuerza vital.

Estas fechas redondas son una buena excusa para descubrir o recordar la obra y la vida de los grandes autores. Para ello, en nuestro caso nos hemos inclinado por esta pequeña antología de la poesía y pensamiento de Santa Teresa que ha editado con primor Alianza Editorial en un volumen de bolsillo, pero con cubiertas duras, lomo en tela y señalizador también de tela que hacen de él una de esas modestas joyas bibliográficas que son la mejor arma con la que cuenta la edición en papel para hacer frente al libro electrónico.

La intervención de Clara Janés es impecable en la selección, porque consigue una muestra equilibrada de la poesía de Santa Teresa y de su trabajo en prosa, con una dosis suficiente para hacerse una idea de su obra, pero sin resultar abrumadora. A través de esta selección, disfrutamos de sus poemas, los de origen, llamémosle, práctico (para celebrar la Navidad u otras fechas señaladas del calendario religioso o la propia ordenación de las novicias), junto con los otros, más íntimos o más místicos, que en su caso viene a ser lo mismo.

La muestra de las obras en prosa supongo que habrá debido de resultar más complicada por su carácter forzosamente fragmentario. Aun así nos permite perdernos un buen rato entre sus obras más aleccionadoras (para su comunidad) como “Camino de perfección”, “Meditaciones sobre los Cantares” o “Avisos de la madre Teresa de Jesús, para sus monjas”, donde nos parece estar oyendo a esa mujer de carácter fuerte, pero cercana, cuya autoridad no se discute porque emana de ella de forma natural. Y perdernos también por sus obras más complejas, las que justifican el título de “Doctora de la Iglesia” que le concedió Pablo VI, como son sus “Moradas del castillo interior” y “Exclamaciones del alma a Dios”.

Otro acierto de Clara Janés resulta la redacción del prólogo, pues se trata de un texto sencillo, claro, conciso e introductorio, que no intenta el lucimiento personal, sino la presentación de las páginas que siguen. Un ejemplo de lo que debe ser un buen prólogo, que ya podrían seguir muchos.